Durante el embarazo ocurren varias alteraciones
endocrinológicas entre las que se
encuentran cambios en el metabolismo óseo y mineral materno, que tienden, en
el caso de estos últimos, a cubrir los requerimientos
de calcio del feto en crecimiento.
Un niño nacido a término contiene
aproximadamente entre 20 y 30g
de calcio27, y si bien la máxima mineralización
del esqueleto fetal ocurre durante
el tercer trimestre, la transferencia de calcio
materno a través de la placenta comienza
durante el segundo trimestre.
Para cubrir las demandas incrementadas
de calcio se ponen en juego una serie de mecanismos
fisiológicos. Sin embargo, la
masa ósea materna podría disminuir si la
ingesta de calcio es marginal, si aumenta
la excreción urinaria y si los mecanismos
hormonales que deben incrementar la absorción
intestinal de calcio no se encuentran
perfectamente regulados. La conservación
renal no se produce debido a que es
frecuente encontrar una hipercalciuria fisiológica
en el embarazo, como consecuencia
de dos factores: mayor absorción
intestinal e incremento en la filtración
glomerular. El aumento en la absorción
de calcio ocurre a partir del primer trimestre
y las evidencias sugieren que es el
principal mecanismo de adaptación durante
el embarazo. Ciertos factores que se
encuentran aumentados durante el embarazo
como la proteína relacionada a la parathormona
(PTHrp), estradiol, prolactina
y lactógeno placentario estimulan la
producción renal de 1,25-dihidroxivitamina
D. Esta hormona, que participa activamente
en la absorción intestinal de
calcio, aumenta desde el primer trimestre,
por lo que se le atribuye ser la causa
principal del incremento en la absorción
de calcio. Sin embargo, estudios experimentales
realizados en ratas deficientes en
vitamina D demostraron que durante el
embarazo se duplica la absorción intestinal
de calcio, sugiriendo que el aumento
en la absorción de calcio no se debe exclusivamente
al incremento en los niveles
de calcitriol.
En general la absorción neta se duplica,
de 20%-25% a aproximadamente 40%;
este incremento sugiere que si las madres
consumen cantidades adecuadas de calcio,
las necesidades del feto en crecimiento pueden
cubrirse sin necesidad de recurrir al
calcio del hueso materno. Contrariamente,
mujeres embarazadas con muy bajas
ingestas de calcio podrían llegar a perder
hasta un 3% de su contenido esquelético
durante el embarazo.